Hola, mi nombre es [tu nombre], soy madre de un niño de dos años,...Hola, mi nombre es [tu nombre], soy madre de un niño de dos años, ingeniera en informática, y mi mayor sueño es tener un hogar propio donde podamos vivir con tranquilidad y dignidad.
Durante siete años trabajé incansablemente en Ecuador. Allá logré construir una vida estable, incluso estuve a punto de comprar un apartamento a través del crédito hipotecario del seguro social ecuatoriano (BIESS). Pero cuando me aprobaron el parol humanitario para emigrar a Estados Unidos, tomé la difícil decisión de dejarlo todo atrás con la esperanza de un futuro mejor para mi familia.
Regalé todos mis bienes: refrigerador, cama, cocina, lavadora, electrodomésticos… incluso vendí mi carro de último modelo por una fracción de su valor. Todo para cumplir con los tiempos exigidos por el parol. En EE. UU. me esperaba mi papá, ciudadano americano, quien nos ofrecía alojamiento mientras mi esposo buscaba empleo en otra ciudad. Pero al llegar, nos negaron la entrada. Fue devastador.
Volvimos a Venezuela prácticamente en la ruina. Además, por ser venezolanos, tuvimos que pagar grandes sumas a gestores para obtener documentos que el gobierno debería entregar gratuitamente, pero que en la práctica están llenos de trabas. El proceso migratorio, que debía durar tres meses, se volvió una carrera contra el tiempo y el dinero.
A pesar de todo, no me rendí. He logrado reunir el 30% del valor de un apartamento, y tengo un carro que representa otro 20%. Estoy a mitad de camino. Pero lo más duro es que hoy vivimos en casa de mi suegra, donde no somos bien recibidos. No tenemos espacio ni estabilidad. Y lo más doloroso es ver a mi hijo crecer en un ambiente que no es suyo, sin la seguridad que todo niño merece.
Además, a mi hijo le diagnosticaron una condición renal que requiere un tratamiento médico constante y costoso. Por eso, gran parte del dinero que había ahorrado para la inicial del apartamento lo usé en su salud. No me arrepiento en lo absoluto su bienestar siempre será mi prioridad, pero eso me obligó a empezar de nuevo desde cero.
Soy profesional, ingeniera en informática, pero actualmente me encuentro desempleada. Realizo trabajos temporales cuando puedo, aunque como sabrán, los sueldos en Venezuela son muy bajos. No tengo un empleo de tiempo completo porque me dedico al cuidado de mi hijo, quien por su corta edad aún no puede ingresar a la educación pública —aquí solo los reciben a partir de los 3 años y medio, y él apenas tiene 2.
Mi meta es reunir $30,000 para poder pagar la inicial de un apartamento modesto, pero digno. Ya tengo la mitad, pero necesito ayuda para alcanzar el resto. No busco lujos. Solo un lugar donde mi hijo pueda dormir tranquilo, donde podamos volver a soñar, donde podamos empezar de nuevo.
Si decides ayudarme, estarás sembrando esperanza en una familia que ha luchado con todo el corazón y que aún cree que los sueños, con un poco de apoyo, pueden hacerse realidad.
Gracias por leerme. Gracias por creer. ????
Durante siete años trabajé incansablemente en Ecuador. Allá logré construir una vida estable, incluso estuve a punto de comprar un apartamento a través del crédito hipotecario del seguro social ecuatoriano (BIESS). Pero cuando me aprobaron el parol humanitario para emigrar a Estados Unidos, tomé la difícil decisión de dejarlo todo atrás con la esperanza de un futuro mejor para mi familia.
Regalé todos mis bienes: refrigerador, cama, cocina, lavadora, electrodomésticos… incluso vendí mi carro de último modelo por una fracción de su valor. Todo para cumplir con los tiempos exigidos por el parol. En EE. UU. me esperaba mi papá, ciudadano americano, quien nos ofrecía alojamiento mientras mi esposo buscaba empleo en otra ciudad. Pero al llegar, nos negaron la entrada. Fue devastador.
Volvimos a Venezuela prácticamente en la ruina. Además, por ser venezolanos, tuvimos que pagar grandes sumas a gestores para obtener documentos que el gobierno debería entregar gratuitamente, pero que en la práctica están llenos de trabas. El proceso migratorio, que debía durar tres meses, se volvió una carrera contra el tiempo y el dinero.
A pesar de todo, no me rendí. He logrado reunir el 30% del valor de un apartamento, y tengo un carro que representa otro 20%. Estoy a mitad de camino. Pero lo más duro es que hoy vivimos en casa de mi suegra, donde no somos bien recibidos. No tenemos espacio ni estabilidad. Y lo más doloroso es ver a mi hijo crecer en un ambiente que no es suyo, sin la seguridad que todo niño merece.
Además, a mi hijo le diagnosticaron una condición renal que requiere un tratamiento médico constante y costoso. Por eso, gran parte del dinero que había ahorrado para la inicial del apartamento lo usé en su salud. No me arrepiento en lo absoluto su bienestar siempre será mi prioridad, pero eso me obligó a empezar de nuevo desde cero.
Soy profesional, ingeniera en informática, pero actualmente me encuentro desempleada. Realizo trabajos temporales cuando puedo, aunque como sabrán, los sueldos en Venezuela son muy bajos. No tengo un empleo de tiempo completo porque me dedico al cuidado de mi hijo, quien por su corta edad aún no puede ingresar a la educación pública —aquí solo los reciben a partir de los 3 años y medio, y él apenas tiene 2.
Mi meta es reunir $30,000 para poder pagar la inicial de un apartamento modesto, pero digno. Ya tengo la mitad, pero necesito ayuda para alcanzar el resto. No busco lujos. Solo un lugar donde mi hijo pueda dormir tranquilo, donde podamos volver a soñar, donde podamos empezar de nuevo.
Si decides ayudarme, estarás sembrando esperanza en una familia que ha luchado con todo el corazón y que aún cree que los sueños, con un poco de apoyo, pueden hacerse realidad.
Gracias por leerme. Gracias por creer. ????